La soledad del invierno dibuja mi soledad, esa soledad es el elemento esencial de mi vida contemporánea, esa vida contemporánea es el reflejo de un mundo dividido en millones de individualidades, esas individualidades son las que van dándole forma a nuestro carácter, ese carácter se manifiesta a través de los sueños que se van volviendo mas solitarios, solitarios en un sentido de empatía, la empatía en nuestros sueños ha muerto... y esa muerte nos va transformando en un enigma que camina por el inconsciente de manera perpetua, ya no podemos percibir cuando nuestros sueños se volvieron solitarios.
En este mundo en donde hablamos con aparatos digitales con la esperanza de que sean mas humanos, nos volvemos mas fríos, esa frialdad nos vuelve mas mecánicos, en este mundo nos estamos volviendo engranajes mecánicos que viven de acuerdo a ordenes que van guiando nuestra vida... por momentos solo tenemos vestigios de lo que fue la vida natural que nos llevaba al goce de los placeres mentales y físicos de la existencia.
Gracias a la soledad de los sueños nos volvimos tristeza, entre niebla y olores nauseabundos de químicos sintéticos, de placeres artificiales, de falta de afecto. Gracias a la soledad de los sueños nos volvimos vulnerables a las ofensas de la aplanadora destructora del autoestima, de las carencias de la frialdad de los qu tenemos al lado, esos que nos miran con indiferencia.